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| Fuente: creativemornings.com |
Ya no tiene sentido negarlo, nuestro entorno ha cambiado. El internet llegó y se estableció, y a pesar de que nos encanta seguir pensando que esto sucedió hace no menos de diez años y de que los cada vez más lejanos noventas quedaron a la vuelta de la esquina, el mundo está más que adaptado a su evolución virtual y se limita a poner sus fichas en la mesa para afrontar los nuevos paradigmas tecnológicos. Quizá fallemos a verlo al estar metidos en el ojo del huracán, pero es así.
El campo profesional se ve inmerso en la escalada tecnológica, y sea cual sea el trabajo que se desarrolle se habla ahora de una presencia en el mundo digital. Cada carrera, técnica, científica, del campo de la salud o las humanidades, empieza a ver la transición como una necesidad más que un mero capricho de modas, eso sí, algunas se adaptan mejor que otras.
Irónicamente, una de las áreas que parece prestar mayor oposición a esta adaptación es una de las que ha tenido mayor facilidad para adaptarse en el pasado. Hablo del arte, esa profesión que no es profesión, según entienden muchos, pero que no escapa de las múltiples necesidades y retos que impone la sociedad actual.
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| Fuente: careermash.ca |
El artista, siempre tan ajeno a sus contemporáneos pero tan atento a su entorno, del cual debe estar sumergido para poder volcar su emocionalidad en su obra, parece ser especialmente reacio a adoptar cualquier nueva tecnología e incorporarla en su modo de trabajo. Aún en detrimento de la promoción de su obra.
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| Fuente: cultivatingculture.com |
Y es que muchos artistas visuales asocian a su inserción en el mundo digital como la más novedosa forma de “venderse” y se niegan a tomar parte en lo que a todas luces parece la mejor herramienta de publicitarse.
No nos engañemos, el ego es una parte inherente al ser humano, una continua lucha entre el cómo me veo y el cómo me perciben los demás. Las redes sociales son solo un catalizador más en esta reacción en cadena, y una profesión tan cercana a este juego como lo es el arte (Hablemos en este caso de arte en el sentido más amplio de la palabra), hará bien en servirse responsablemente de estas nuevas herramientas más que negarlas a perpetuidad.
Redes tan interesantes como flickr, pinterest o deviantart le dan la oportunidad al artista visual de exponer en cualquier parte del mundo, llegando a la pantalla de miles de usuarios y transmitiendo una pequeña parte de esa emocionalidad que pone en su obra. Y en cuanto al factor moral que esto acarrea, recordemos que en el pasado muchos artistas lograban exponer y ganaban popularidad solo mediante nexos con gentes de influencia y dueños de galerías, cosa que por cierto aún sigue ocurriendo. ¿Es que acaso esto es más correcto que tomar el desafío de buscar proyección internacional mediante el uso de las redes sociales?
Por supuesto, este es un tema escabroso y cada artista (Y su ego) tendrán algo que decir sobre esto. Pero para terminar les pregunto, ¿Si Picasso, Mirò o Dalí vivieran en este momento, ustedes creen de verdad que no tendrían un perfil en instagram?
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| Fuente: kristenwishon.wordpress.com |




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